La pregunta ¿Y si el futuro no fuera tecnológico, sino sensible? no invita a rechazar la tecnología, sino a interrogar el lugar que queremos darle en nuestras vidas. Estos libros permiten ampliar esa reflexión desde distintos ángulos: la inteligencia artificial, la atención, la lectura, las humanidades, la memoria, la creación, el cuerpo, la conversación y nuestra relación con el mundo.
Byung-Chul Han, No-cosas. Quiebras del mundo de hoy. Taurus, 2021.
Han observa la transformación de un mundo hecho de cosas, presencia y duración en un mundo dominado por información, datos, estímulos y circulación digital. Es un libro breve, intenso y especialmente pertinente para pensar qué perdemos cuando todo se vuelve disponible, veloz, medible y reemplazable. Frente al ruido de la información, Han recupera la importancia de aquello que permanece, acompaña y arraiga: las cosas, los vínculos, los gestos, el silencio, la memoria. Una lectura muy adecuada para defender la sensibilidad como forma de resistencia cultural.
Scott Hartley, Menos tech y más Platón. Por qué la tecnología necesita a las humanidades. Madrid, LID Editorial, 2020. 272 páginas.
Este libro discute una de las falsas oposiciones más persistentes de nuestro tiempo: la división entre “ciencias” y “letras”, entre mundo técnico y mundo humanista. Hartley sostiene que la tecnología necesita de las humanidades no como adorno cultural, sino como condición para comprender mejor los problemas humanos que pretende resolver.
Su aporte principal está en mostrar que la innovación verdaderamente significativa no depende solo de programadores, datos o modelos de negocio, sino también de personas capaces de interpretar contextos, formular preguntas éticas, comunicar con claridad, comprender emociones, leer críticamente la realidad y tomar decisiones considerando el impacto humano de la tecnología. No basta con preguntarnos qué pueden hacer las máquinas, sino qué tipo de mundo queremos construir con ellas.
Menos tech y más Platón permite defender una idea central para Cultura Colectiva Comunidad: las humanidades no pertenecen al pasado ni son un lujo prescindible. Son una reserva de imaginación, juicio, sensibilidad y pensamiento crítico para una época que necesita con urgencia tecnologías más responsables, más éticas y atentas a la experiencia humana.
Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil. Manifiesto. Barcelona, Acantilado, 2013.
Ordine reivindica aquellos saberes que no parecen servir para producir, competir o acumular, pero que resultan indispensables para formar personas más libres, lúcidas y sensibles. Literatura, filosofía, arte y conocimiento desinteresado aparecen aquí como reservas de humanidad frente a una cultura reducida a cálculo y beneficio. Es una lectura especialmente afín al espíritu de Ventanas abiertas: recordar que lo aparentemente “inútil” —leer un poema, mirar una obra, escuchar una música, conversar sin prisa— puede ser precisamente lo que nos salva de vivir empobrecidos por la mera eficiencia.
Hartmut Rosa, Resonancia. Una sociología de la relación con el mundo. Madrid/Buenos Aires, Katz, 2019.
Rosa propone una idea poderosa: la buena vida no depende solo de tener más recursos, más opciones o más velocidad, sino de establecer relaciones significativas con el mundo. A eso llama “resonancia”: la posibilidad de ser tocados por algo —una persona, una obra, una música, un paisaje, una idea— y responder desde nuestra propia voz. Es uno de los libros más fecundos para pensar un futuro sensible, porque desplaza la pregunta desde el dominio y el rendimiento hacia la calidad de nuestra relación con lo que nos rodea.
Yuk Hui, Fragmentar el futuro. Ensayos sobre tecnodiversidad. Buenos Aires, Caja Negra, 2020.
Yuk Hui propone una reflexión decisiva para salir de la idea de que existe un único futuro tecnológico universal. Su concepto de “tecnodiversidad” invita a pensar las tecnologías desde distintas historias culturales, sensibilidades, cosmologías y modos de relación con el mundo. Este libro permite ampliar la pregunta del boletín más allá de Occidente: el futuro no tiene por qué ser una carrera homogénea hacia la automatización, sino una pluralidad de caminos donde cultura, técnica y sensibilidad puedan volver a pensarse juntas.

